Durante el camino Paula no ha dejado de escuchar la cancion favorita de sus amigas. No ha dejado de pensar en todos los momentos que pasaron juntas, todas las tardes, lo días de instituto, los chicos, las miradas, las sonrisas... En cuanto llegué, llamará a Sandra, seguro que ya tiene alguna novedad.
Ya han llegado, Paula y su madre ya están en su nuevo piso de Barcelona. No se puede comparar con la casa en la que vivían hasta ayer, pero bueno, todo sea por la felicidad de ambas.
+ ¡ Paula !
- ¡ Sandrius !
+ No me llames así, anda...- Dice Sandra- ¿Ya habéis llegado?
- Sí, acabamos de entrar en el piso, no está mal.
+ ¿Cómo que no está mal? ¿Qué le pasa?
- No le pasa nada, pero echo de menos la casa, es normal... Y os echo de menos a vosotras, y el instituto, los chicos, todo..
+ Ya bueno... Pero cuando te cuente esto, vas a dejar de lamentarte y saltarás de alegría, verás.
- ¿Qué pasó? ¡ Cuéntame ya !
+ Pues a ver, Pablo...
- ¿ PABLO ?
+ Shhh, relájate. Pablo me ha confesado hoy en clase que le gustas.
- ¿QUÉ QUE? - Mientras se pone roja como un tomate cherry.
+ Pues eso, tía. Me ha dicho que está pillado por ti.
- ¿ En serio? - Dice con una larga o .
+ Sí, sí. Así como te lo cuento- Dice entre risas
- Joder, y yo en Barcelona...
+ Tranquila, solo es un chico...
- Ya, sólo un chico.- Con voz apaga- Te tengo que dejar ya, me voy a dormir que estoy agotada.
+ Vale, bobita. Cuídate, ¿éh? Y llámame pronto.
- Claro que sí. Un beso.
+ Chao.
Mientras Paula habla con su amiga, Nagore y Erika volvían a casa después de clase.
El plan de Nagore le había salido genial, tras entregar el justificante el ardilla no había puesto ninguna objeción a repetirle el examen, de hecho ya lo tenía preparado y todo.
Durante el camino de vuelta Erika no dejaba de hablar de un chico de 2º de Bachillerato, Rodri. Decía que habían estado hablando y que la volvía loca, que era alto, moreno y con unos ojos color miel impresionantes y que parecía que a él también le gustaba ella.
Ese tal Rodri era un amigo de la infancia de ambas chicas. Ninguna de las dos se había fijado en el hasta este curso, había adelgazado un montón y había ido al gimnasio. Ahora llevaba el pelo corto y esta guapísimo, el chico perfecto para una quinceañera tan hermosa como Erika.
- En serio, Nago, no paraba de sonreírme y me daba la razón en todo.
+ Pero eso no quiere decir que le gustes, tía, no te ilusiones tanto.
- Ya, y si le gusto, ¿qué?
+ Sí le gustas ya se molestará él en ir detrás de ti, Erika.
- Bueno, también tienes razón. Esperaré unos días, si él no sé lanza, me lanzaré yo.
+ Como tú quieras, con lo perfecta que eres fijo que mañana ya lo tienes detrás de ti.
- Anda, calla, tonta.
Nagore siguió callada hasta que llegó a la puerta de casa y se despidió con dos besos de su amiga. En su cabeza había algo, algo que le molestaba mucho, pero no sabía que era. Quizás necesitaba descansar...
Erika, por su parte, siguió hablando de Rodri como una cotorra, como si fuera el hombre de su vida. Sin saber que había mucho más de lo que ella veía.
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